Martí, su impronta en San Agustín<< Castillo de San Marcos, en San Agustín.
San Agustín es la primera ciudad en territorio norteamericano fundada el 8 de septiembre de 1565 por Pedro Menéndez de Avilés a quien Martí caracterizó como “terrible y frenético”. Enviado por Su Majestad Felipe II llegó a tierras americanas con la orden de expulsar a un nutrido grupo de hugonotes franceses bajo el mando del corsario Jean Ribault, quienes habían construido un fuerte en la desembocadura del río San Juan. Ello suponía una seria amenaza para España, lo que la obliga a establecer su presencia militar permanente en el área.
El 3 de julio de 1892 llegó Martí a San Agustín en viaje de propaganda. Después de constituido el Partido Revolucionario Cubano, la tarea inmediata consistía en ampliar sus bases entre los emigrantes, tanto los que vivían en los Estados Unidos como los radicados en otras tierras y hacer conexión con los cubanos en la isla. Sin ellos, la organización de la guerra era imposible, para lo cual Martí visitó varias localidades donde había emigrados cubanos: Tampa, Cayo Hueso, Ocala, Jacksonville, San Agustín, Filadelfia. Reunido con los cubanos de San Agustín, les habló del espíritu del Partido y de los trabajos que realizaban sus compatriotas en otras ciudades de los Estados Unidos. También su propósito era visitar la tumba del padre Varela, "[…] aquel patriota entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca como pudo”. (1) En carta a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, desde Ocala, Florida, le dice Martí: “[…] ayer llegamos a Ocala, el lugar, sereno y frondoso, recuerda a Cuba, de aquí iremos a Jacksonville, y de allí a ver la tumba del Padre Varela”, (2)
Durante su estancia Martí estableció contacto con los cubanos residentes de la ciudad, muchos de ellos tabaqueros que ejercían su oficio en el patio de su casa. Se reuniría, también, con los miembros de la comisión que recaudaba fondos para el proyecto de monumento a Varela, así como participaría, entre aquellos cubanos generosos y laboriosos, en la constitución del Club Patriótico Cubano Padre Varela, expresión de la identidad de sus miembros con el Partido Revolucionario Cubano. De ahí la coherencia de aquella visita de Martí a la tumba de Varela, reencuentro desde la espiritualidad y las ideas con quien fue, en esencia, su maestro. El Padre Félix Varela, desarrolló gran parte de su obra hasta su fallecimiento, en la basílica de San Agustín, la congregación religiosa más antigua de los Estados Unidos, establecida en 1565. Los tres últimos años de su vida estuvieron marcados por las enfermedades, la soledad y la pobreza, pero, sin quejarse de nada, su fortaleza espiritual sobrellevó la contradicción y el sufrimiento con amor y paz interior. Según el registro de defunciones conservado en el archivo de la diócesis de San Agustín de la Florida, falleció el 25 de febrero de 1853. Sus restos reposaron en una capilla en el cementerio de San Agustín de la Florida, imitación de la Catedral de La Habana en la cual Varela había sido nombrado sacerdote, construida en 1853 con el aporte monetario de muchos cubanos donde permanecieron hasta los inicios del siglo XX cuando fueron trasladados a Cuba.
Capilla en el cementerio de San Agustín,
donde descansan los restos de Félix Varela.>>
En el libro San Agustín en la Edad de Oro, (3) se dice: “Con sus 438 años de historia en San Agustín hay innumerables católicos notables cuyas historias están estrechamente vinculadas a la ciudad. Entre ellos se encuentra el Padre Félix Varela, nacido en Cuba en 1788 en el seno de una familia de militares, Félix Varela quedó huérfano cuando tenía seis años y vino a vivir con sus abuelos maternos, a San Agustín. Su abuelo, el teniente coronel Bartolomé Morales, fue comandante del regimiento de guarnición en el Castillo de San Marcos, el joven Félix creció viviendo en la fortaleza y se esperaba que siguiera los pasos de su abuelo. Durante 30 años sirvió a los católicos de Nueva York, particularmente a los inmigrantes irlandeses pobres, para quienes había un lugar especial en su corazón, posiblemente debido a su devoción a su antiguo mentor de San Agustín, el padre Miguel O'Reilly. Con el tiempo llegó a ser Vicario General de la Diócesis de Nueva York. A lo largo de su extensa permanencia en Nueva York continuó luchando contra la injusticia social, la escritura prolífica en favor de la abolición de la esclavitud y traer la independencia a Cuba por medios pacíficos. Antes de 1849, ya se encontraba en mal estado de salud y pasó los últimos cinco inviernos de su vida en su casa de la infancia de San Agustín. En febrero de 1853 murió en una casa adyacente a la iglesia parroquial (hoy Patio Oriental de la Catedral) y fue enterrado en el cementerio de Tolomato. Venerado como un patriota en su Cuba natal, sus restos fueron finalmente re-enterrados en La Habana en 1911”.
Martí expresa en un artículo publicado en el periódico Patria, el 6 de agosto de 1892, titulado “Ante la tumba del Padre Varela”: (4) “[…] allí están, en la capilla a medio caerse, los restos de aquel patriota entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo, sin alocarse o apresurarse, ni confundir el justo respeto. […] Uno de nosotros, que no sabe mucho de letras, dijo que le parecía que estaba vivo el Padre. […] Una comisión de recolecta para el monumento del Padre Varela. […] Se levantó el Club Padre Varela. […]”. Y, sobre la fundación del Club afirma: “Levantamos, con todos los cubanos que somos aquí, el club Padre Varela. Marín lo preside, y Hardey es el secretario […] porque aquí estamos de guardia, velando los huesos del santo cubano, y no le hemos de deshonrar su nombre”.
Estatua de Félix Varela en San Agustín.>>
En una crónica también enviada al periódico Patria desde San Agustín, se reflejaba no solo la visita de Martí sino de otros líderes del movimiento revolucionario, figuras cumbres de la dirección revolucionaria: “José Dolores Poyo, Serafín Sánchez y el general Carlos Roloff. Martí y los cubanos de San Agustín visitaron la tumba del Padre Varela […] el domingo, fue entero para la patria, primero en el almuerzo de casa de (Carlos) Marín, que con todo su patriotismo estaba menos satisfecho que su esposa […] luego recibieron los huéspedes la visita de la comisión de recolecta para el monumento del Padre Varela, que habló largo con los visitantes, y dejó en sus manos el plan de procurar más sumas para el monumento […] después hubo conversaciones de trascendencia, con la prensa y la Dirección de la ciudad […] y luego, en un abrir y cerrar de ojos, oyéndole a Martí la historia de lo hecho y la urgencia de lo que hay que hacer, levantamos, con todos los cubanos que somos aquí, el club ´Padre Varela´: Marín lo preside, y Hardoy es el secretario […] Muy contentos hemos estado, contentos como pocas veces en la vida, con la visita de estos patriotas puros; pero además les estamos agradecidos, porque se han captado el respeto de las personas de valer de la ciudad […]”.
Según informaba el periódico Times-Unión el 6 de mayo de 1893, el club Varela seguía creciendo, y a la sazón tenía doscientos miembros, no todos cubanos, pero todos listos a luchar por la independencia cubana en cuanto Martí autorizara el levantamiento del pueblo de la isla. Desde el momento de la primera visita de Martí a San Agustín y 1895, la actividad revolucionaria floridana se intensificó. El propio periódico da a conocer que espías españoles vigilaban el movimiento de los miembros del Club Varela.
La historiadora Virginia Edward en su libro Historias del antiguo San Agustín (5) refiere que: “Antes del estallido de la Guerra Hispano-Americana, San Agustín fue refugio de los emigrados cubanos, y en un notable domingo de septiembre de 1894, la antigua ciudad fue escenario de una reunión extraordinaria en la que nació República de Cuba. Era costumbre de los cubanos reunirse los domingos para el desayuno, por lo que el encuentro fue celebrado en una modesta casa en el norte de la ciudad para no provocar las sospechas de los espías españoles, que inundaban la ciudad. Mientras estaban preparando el desayuno, otros acontecimientos tuvieron lugar cerca de allí. Dos vagones cargados de ´explosivos´, llegaron a la ciudad y fueron puestos en un aparcadero del río de San Sebastián. Uno de sus pasajeros resultó ser el famoso Doctor José Martí, que había sido ´invitado de honor´ al desayuno. Dos estadounidenses, también estuvieron presentes, entre las figuras cumbres de los patriotas cubanos, el alcalde de San Agustín, y el capitán Henry Marcotte, que nos ha dejado un relato de ese día. El Dr. Martí fue nombrado presidente de la nueva República de Cuba, y fue elegido un gabinete”.
“Entre las muchas cosas que pudieron ser resueltas en esta reunión de la Junta fue la entrega de la bandera de los revolucionarios cubanos, cosida por las señoritas Ann, Amy y Alice McMillen de San Agustín. A la mañana siguiente el barco se había marchado, allí fue el Dr. Martí, por lo que fueron la mayoría de los refugiados cubanos, muchos de los cuales habían llegado a la ciudad que dicen ser fabricantes de tabacos. También faltaban los contenidos de los dos vagones de carga. Para entonces, el carguero Bermuda, fue a muchos kilómetros hacia el sur, con 200 hombres bien armados a bordo, preparados a luchar contra los españoles. Un miembro voluntario del grupo era un espía español, que había sido visto en la ciudad y por su delación la nave fue apresada”.
Ivan A. Schulman en su investigación Migraciones Martianas plantea: (6) “De las migraciones y los exilios de Martí dos son fundamentales para la construcción de la patria y la organización de la lucha por la libertad de Cuba: Estados Unidos—sobre todo Nueva York y la Florida. La presencia de las comunidades de emigrados cubanos en la Florida a partir de 1890 transformó de modo profundo el carácter del movimiento por la independencia cubana. Desde 1892 las comunidades de exilados en Ybor City, Tampa, Cayo Hueso, Martí City (cerca de Ocala), y Jacksonville constituyeron los focos más poderosos del movimiento patriótico […] Para la historia futura de Cuba estos centros constituyeron un elemento clave. Pero también es cierto que la presencia de Martí en ellos, la reverencia de los exilados por la obra y la persona de Martí, y el anhelo de las comunidades de exiliados de contribuir a la creación de una Cuba libre, marcó de manera inestimable el desarrollo histórico y cultural del estado de Florida”.
Entre las ciudades de la Florida en que había comunidades importantes de exilados cubanos a fines del siglo XIX, está San Agustín fundada en 1565 y visitada por Martí en 1892. En una documentación en los archivos de la Sociedad Histórica de San Agustín supimos que hubo una segunda visita, una visita más importante, con detalles significativos en relación con las actividades del club revolucionario de la ciudad. Se trata de una crónica escrita por el Capitán Henry Marcotte en la cual este afirma, basándose en su cuaderno de apuntes, que Martí visitó la ciudad a mediados de septiembre de 1894.
La correspondencia enviada por Martí desde Jacksonville en octubre nos permite precisar que desde Jacksonville bajó a San Agustín donde llegó clandestinamente por ferrocarril según la descripción dramática de Marcotte que a continuación ofreceremos: “Septiembre-octubre del 94 eran momentos álgidos de la preparación del llamado Plan Fernandina, el plan ideado por Martí para llevar armas desde los Estados Unidos para iniciar en Cuba la lucha armada por la independencia”. Entre otras actividades, nos habla el Capitán de los fondos recaudados por el Partido Revolucionario Cubano para la compra de las armas. Dice en su crónica que publica con el título de “The Birth of the Cuban Republic in Saint Augustine” (“El nacimiento de la república cubana en San Agustín”), que en la reunión dominical de ese día de septiembre u octubre se habían reunido los miembros del Club Padre Varela, y en presencia del alcalde de la ciudad de San Agustín, Martí fue nombrado Presidente de la República de Cuba. Y que allí mismo también se nombró a varios cubanos miembros de una junta para liquidar el poder de España en la isla. Hubo cubanos distinguidos en esa reunión, inclusive varios que habían luchado en la Guerra de los Diez Años. Eligieron al Capitán Marcotte miembro honorario de la Junta Cubana de la República.
Lo más notable de la crónica es lo que pasó, según Marcotte, mientras estaban tomando el desayuno los miembros del Club: “[…] un barco de vapor —escribe— pasó por la costa (de San Agustín) y echó al mar un pontón primitivo con el Napoleón B. de la marina de la República. Bajó el Dr. Martí. Un marinero negro con mucha destreza colocó el barco sobre la ola de cresta con el movimiento de la cual los individuos pudieron saltar a tierra en North Beach. El Napoleón B. tenía cosas que hacer en North Beach y el Dr. Martí fue conducido al desayuno. Dos carros de flete, cargados con ´explosivos´ llegaron y fueron conducidos a un desviadero cerca del río San Sebastián. Estas municiones seguramente formaban parte de las armas que se acumulaban en ese momento para la invasión”.
Cuenta el Capitán a continuación que durante el desayuno tres hermanas, Ann, Amy y Alice, de la familia McMillan, residentes de San Agustín, presentaron al Coronel Betancourt la bandera de la república que ellas mismas habían cosido. Narra el Capitán que al mediodía un barco de vapor de apariencia desdeñable, se avistó en el Río Norte y, durante la noche, otra vez, según el testimonio del Capitán, desaparecieron los explosivos de los furgones, junto con doscientos revolucionarios de la ciudad, y José Martí. El barco remolcador Bermuda surcó en el horizonte, al sur de San Agustín, junto con el Napoleón B. “Así —afirma Marcotte— nació la República de Cuba en la ciudad antigua de San Agustín”.
Por eso consideramos que en la Florida, específicamente en San Agustín, se dieron pasos importantísimos en la organización no solo de la lucha armada por la independencia cubana, sino de la fundación de la República.
(1) Martí, J.: Obras Completas, t. II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 50-51.
(2) Ibídem, pp. 69-70.
(3) Roguero Bowen, Beth:St. Augustine in the Gilded Age, Arcadia Publishing,St. Augustine, Fl., 2008, p. 31.
(4) Martí, J.: ob. cit., pp. 69-70.
(5) Edwards, Virginia: Stories of Old St. Agustine, cap- 28, St. Augustine Historical Society, St. Augustine, Fl., 1971.
(6) Schulman, I. A.: Migraciones Martianas, Universidad de Illinois, E.U.A.
http://www.staugustine-baracoa.org/comm/history/marti.htm