Para mí la Biblioteca Nacional de Cuba ha sido una universidad

Por Maribel Duarte González

Entrevista a Araceli García Carranza, destacada bibliógrafa con 50 años ininterrumpidos en la Biblioteca Nacional de Cuba. Actualmente Jefa de su Departamento de Investigaciones y Jefa de Redacción de la Revista de la Biblioteca Nacional José Marti.

¿Cuáles fueron sus motivaciones para comenzar a trabajar en la Biblioteca Nacional de Cuba, y cuándo se produjo este hecho tan importante en su vida?

Precisamente en el mes de febrero de 1962 vine a la Biblioteca Nacional en busca de trabajo. Yo era maestra de secundaria básica, pero el magisterio es muy activo para mi personalidad, por lo que decidí buscar un lugar más tranquilo, donde me pudiera desarrollar desde el punto de vista cultural. Me acababa de graduar de doctora en Filosofía y Letras. Recuerdo que cuando llegué a la Biblioteca Nacional, gracias a Margarita Perea que me dijo había trabajo aquí, me entrevisté con la Dra. María Teresa Freyre de Andrade (primera directora de la Biblioteca Nacional después del triunfo de la Revolución) y le comenté que me acababa de graduar; ella me acogió muy bien. Enseguida empecé a trabajar. La Biblioteca me fascinó desde el primer momento, aunque esa atracción venía de mucho antes, de cuando mi padre nos llevaba de paseo por La Habana y con el dedo me señalaba hacia aquel edificio de 16 pisos y me decía: “Esa va a ser la Biblioteca Nacional de Cuba”.

¿Qué me puede comentar sobre María Teresa Freyre?

Me encantó como persona y como intelectual. Es necesario recordar que ella tenía muy en cuenta los modales, la educación formal de las personas, a la hora de aceptar a un trabajador, porque decía que esta institución se merecía ese tipo de empleados. Era muy exigente, pero muy justa.

¿Y cómo fueron sus inicios en este centro?

No sabía nada de bibliotecas. Comencé a trabajar en Catalogación, que en esa época estaba en el piso 3. Mi primera tarea fue investigar autoridades, que es el primer paso para el proceso de libros y folletos. Conocí a gente maravillosa como Caridad Lara, profesora de la escuela de técnicos de bibliotecas, quien le dedicó muchos años a esta institución. Al cabo de algún tiempo pasé a Colección Cubana y trabajé en Analítica de revistas del siglo XIX. En esa área llegue a ser la jefa del departamento, donde teníamos las investigaciones, la bibliografía nacional, los fondos raros, o sea, casi abarcaba la mayor colección de la Biblioteca. Más adelante, con el desarrollo de la institución, fue cambiando la estructura. En los años 1980 se creó el Departamento de Bibliografía, el cual dirigí durante muchos años.

¿Qué significa la Biblioteca Nacional de Cuba para Ud.?

Es mi vida entera. En estos días cumplo 50 años de trabajar aquí. Para mí la Biblioteca Nacional de Cuba ha sido una universidad. Puedo decirte que todo se lo debo a esta Biblioteca, porque aquí se aprende cada día. El mundo bibliotecario es de una riqueza increíble; a la vez que tú atiendes determinadas demandas del público aprendes también con ellos, porque eso te obliga a investigar en la búsqueda de información, lo que enriquece tu desarrollo personal y profesional. En mi caso he tenido que procesar, atender público, elaborar bibliografías, dirigir un departamento. Mi trabajo ha sido muy integral dentro de la Biblioteca

    
Araceli junto a sus compañeros de la Biblioteca Nacional de Cuba, en diferentes momentos de su vida (sentada a la derecha del sofá y de pie en el centro del grupo, respectivamente).

La BNCJM cumplió recientemente 110 años y usted le ha dedicado 50 de su propia vida…

Así mismo es. Puedes imaginar cuánto la quiero, y cuánto me ha aportado en estos años. Ahora recuerdo cuando la biblioteca cumplió 100 años y me entregaron la medalla Alejo Carpentier.

Hablando de Carpentier, ¿qué significó para Ud. y cómo lo recuerda?

A este gran hombre de las letras cubanas no lo puedo olvidar, pues ha sido una importante parte de mi vida. En los años 1970 tuve una estrecha relación con él como usuario / bibliotecaria. Él se entusiasmó mucho con el trabajo bibliográfico y es por eso que decidió donar su colección a la Biblioteca Nacional de Cuba. En la actualidad tenemos el honor de donarla completa a la Fundación Alejo Carpentier, que no existía anteriormente. Ahora esta fundación, no solamente tiene esta colección, sino la que Lilia Carpentier, la viuda de Carpentier, tiene en su casa. Contamos con toda la colección de este destacado intelectual cubano.

Durante tantos años en la institución ha tenido la posibilidad de interactuar con varias generaciones de bibliotecarios, ¿qué experiencia le ha aportado a su desarrollo profesional?

He interactuado con varias generaciones de bibliotecarios; imagínate, han sido 50 años de trabajo. Considero que cada vez hay una mayor calidad profesional y mejor preparación, pero por otra parte, sinceramente, creo que no hay suficientes jóvenes que se interesan por esta profesión, aunque los que lo hacen son muy buenos. Lamentablemente esta profesión no es suficientemente atractiva para muchos.

Con sus compañeras de la Biblioteca Nacional y esa sonrisa que le caracteriza y define.>>

Ud. ha sido durante muchos años la Jefa de Redacción de la Revista de la Biblioteca Nacional, publicación centenaria de esta institución, ¿qué ha significado esta responsabilidad para su carrera profesional?

Durante años aspiré a publicar en ella y lo logré en 1972, cuando compilé la Biobliografía de Ramiro Guerra. Fue algo muy apreciable, pues como decía su sabio director por esos años, Juan Pérez de la Riva, en la Revista no publicaba cualquiera. Después logré publicar otros trabajos en esta querida revista, hasta que en 1998 fui designada jefa de redacción por el director de entonces, Eliades Acosta Matos. La responsabilidad de la revista sobre mis hombros, por encima de lo que significa para mi carrera profesional, es un enorme compromiso político, social e intelectual. Todo esto en medio de dificultades que hacen que nos enfrentemos constantemente a lo imposible. Creo que no exagero.

Algún mensaje para las nuevas generaciones

En cuanto a los jóvenes es preciso que busquen desesperadamente su verdadera vocación y después entrega, estudio, paciencia, dedicación, para que logren el verdadero disfrute en su profesión. Creo que aunque la felicidad total no existe, la disfrutamos a ratos cuando nos realizamos con nuestro trabajo o en nuestra vida personal, cuando obtenemos frutos, cuando acertamos, cuando ofrecemos lo que sabemos, cuando damos lo mejor de nosotros con alegría y amor.

¿Cómo Ud. ve el futuro de la Biblioteca Nacional de Cuba?

Creo que la Biblioteca Nacional de Cuba cumplirá cientos y cientos de años, porque es imprescindible, es una institución que no puede dejar de existir en ningún país y mucho menos en Cuba, donde la cultura se enriquece de forma permanente, porque en nuestra isla, en medio de las dificultades, la cultura crece y crece y nos enorgullece cada vez más .