Nuevos desarrollos de la teoría bibliológico informativa (VI)<< Gabriel Peignot
La bibliografía como disciplina
Sólo a principios del siglo XIX Gabriel Peignot (1) establece que la bibliología era el término que se debía usar para designar a la ciencia del libro y que la bibliografía era una rama de la bibliología que estudiaba los repertorios bibliográficos. Ya a fines de este siglo la Grande Enciclopedie define a la bibliografía como “ciencia de los libros, desde el punto de vista de su descripción y clasificación”.
La bibliotecología como disciplina
En 1808 el exreligioso benedictino M. Schrettinger publica por primera vez su Bibliotekswinssenschaft (Ciencia de la Biblioteca) que autores como García Valenzuela (2) y Linares (3) aceptan como la obra que marca el establecimiento de la bibliotecología como disciplina. Schrettinger logra sistematizar y estructurar en ella lo que hasta entonces constituía una serie de conocimientos dispersos sobre las bibliotecas, dando a la disciplina la categoría de lo que se consideraba como ciencia a fines del siglo XVIII y principios del XIX en tanto la sistematización de conocimientos es una de las funciones de la ciencia.
Durante siglos, y aún en la actualidad, la operación de las bibliotecas ha venido siendo desempeñada por personas con elevada cultura y erudición, pero ya desde el siglo XIX se comienza la formación académica para quienes desempeñan esas funciones.
Según Malcés (4) la formación de bibliotecarios aparece a principios de ese siglo, en 1810, junto con la de archivistas y paleógrafos, primero, y de bibliógrafos más tarde en la Ecole de Chartes. En su tesis de maestría la hoy Dra. Estela Morales (5) identificó antecedentes de esa escuela desde finales del siglo XVIII. No obstante, algunos autores señalan que esta formación se inicia en Estados Unidos en el año 1887 con las primeras clases de la Escuela de Economía Bibliotecaria de la Universidad de Columbia, bajo la dirección de Melvil Dewey (6), primacía que no es totalmente correcta, pero sí muy influyente.
La archivología como disciplina
Angelo Fumagalli >>
Con Angelo Fumagalli se evidencia un vivo interés por el proceso de formación y distribución de los archivos. 1802 es el año en que ve la luz su Delle istituzioni diplomatiche,considerada por su propio autor como una versión a la italiana del así llamado manual de diplomática práctica que, en la Francia de los últimos años del Viejo Régimen, se había dedicado ampliamente al ordenamiento archivístico. Según la literatura consultada, Fumagalli fue el primero en emplear la locución “ciencia archivística” y en individualizar los principios sobre formación, distribución y ordenación de los archivos.
El enunciado del principio de procedencia en 1841 por parte de N. de Wailly es para muchos el acta de nacimiento de la archivología. El principio que la individualiza, diferenciándola de las demás ciencias con las que hasta entonces había mantenido relaciones complementarias o de dependencia. Según este criterio 1841 es el año que marca el nacimiento de la archivología como disciplina. Otros, sin embargo, no la consideran como tal hasta que se publica el Manual para la clasificación y descripción de los archivos por S. Muller, J. A. Feith y R. Fruin (7) lo que ocurriría en 1898. El manual independizó definitivamente el método de trabajo archivístico, separándolo de las concepciones bibliotecarias y museológicas vigentes hasta entonces.
Ya a mediados del siglo XIX la diplomática alemana había revelado la necesaria división de los documentos originales y los que no lo son. Los primeros debían ordenarse cronológicamente; los segundos por materia. Por entonces Francesco Bonaini (1869) preparaba las líneas esenciales del nuevo método de ordenamiento archivístico definido como “histórico” y que devendría pronto el ordenamiento por excelencia de la práctica archivística moderna, no porque se hubiese concebido para servir a la historia sino porque tenía su fundamento en la historia (8). No obstante, la documentación archivística, además de constituir esencialmente una fuente de poder, va cobrando de manera paulatina utilidad para la historia. Ese nuevo sentido que la ciencia histórica imprime al documento dará una nueva dimensión a los archivos –la dimensión histórica– que traspasará su naturaleza jurídica.
<< Francesco Bonaini
Es a partir de mediados del siglo XIX que se le concede a los documentos de archivo ese nuevo valor, que va más allá del valor primario que se les había reconocido hasta el momento. Aparece entonces el concepto de valor secundario, intrínseco o histórico de los documentos, como fuentes imprescindibles para estudios sobre la evolución de la humanidad. Surgen los archivistas historiadores y los archivos históricos o de investigación y, a partir de su acción, se inician estudios sobre los fondos, cuyos resultados se plasman, según las concepciones desarrolladas en este trabajo, en una literatura fruto de la investigación archivística (investigación científica de los fondos), aunque no archivológica (investigación científica del fenómeno archivístico)
Si se tiene en cuenta, además, que mientras que la diplomática ya había pasado de los desarrollos teóricos al de su enseñanza en las universidades a partir de 1742, la archivología estaba todavía en el proceso de alcanzar su formulación teórica; que en Francia los primeros puestos de archivistas fueron asignados a alumnos egresados de L'École de Chartes sólo en 1834; y que en Italia la Archivología hace su ingreso oficial en la enseñanza en mayo de 1875; entonces parece evidente que el inicio de la formación escolarizada en archivología de forma generalizada se produce cuando ya la disciplina cuenta con un cuerpo teórico debidamente conformado y esa consolidación sólo se produce ya avanzado el siglo XIX.
Durante el siglo XIX se desarrollan los periódicos con la aparición de la prensa, la linotipia, las rotativas, y su sistema de distribución. Se diversifican profusamente las necesidades de información: necesidad de información política, la de información económica y social, la de información científica y técnica con fines productivos. Se añade a los libros y periódicos, la cadena secundaria de documentación, como la denomina Stivals, que incluye diversos tipos de nuevos portadores.
Diversificación, asociación y capitalismo industrial
A partir del siglo XIX, especialmente durante la segunda mitad, comienzan a aparecer legislaciones sobre otros tipos de bibliotecas distintas a las depositarias. Surgen principalmente leyes referidas a bibliotecas públicas (Estados Unidos, segunda mitad del siglo; Reino Unido, 1850; Argentina, 1870) y a bibliotecas escolares (9).
Las bibliotecas del XIX no se limitan sólo a facilitar la consulta de las colecciones, sino que van surgiendo nuevos servicios, como los de referencia, en las décadas del 70 y el 80 de ese siglo. Las bibliotecas públicas habían reaparecido ya en Europa y se expanden las bibliotecas escolares. Hasta el XIX la biblioteca actúa principalmente como gestora de documentos para ponerlos a la disposición de los lectores, pero desde entonces se enriquece, con la gestión de contenidos de esos documentos, propia de los servicios de consulta y referencia, concebidos para dar respuesta a los nuevos públicos y demandas que surgen por esa época y con el fin de ahorrarle tiempo a los lectores. Frente a lo bibliotecario al estilo tradicional que lo caracterizó hasta el siglo XIX, surge lo bibliotecario especializado que asume las funciones y estilos de trabajo comentados en párrafos anteriores abriendo paso a las características que posee hoy el fenómeno bibliotecario.
Aunque existen ejemplos de compilaciones bibliográficas en bibliotecas anteriores al siglo XIX, sus características difieren por erudición y sistematización de las que aparecen en estas instituciones a fines de ese siglo, con el surgimiento de los servicios de referencia, cuando comienzan a elaborarse listas de los documentos que se poseen en función de las necesidades de lectores o grupos de lectores específicos (10).
Las primeras agrupaciones de bibliotecarios se convierten en asociaciones profesionales durante el siglo XIX. Primero se constituye la American Library Association de los Estados Unidos, en 1876, y un año más tarde aparece la Library Association del Reino Unido.
Melvil Dewey >>
Las primeras clases de la Escuela de Economía Bibliotecaria de la Universidad de Columbia, bajo la dirección de Melvil Dewey se inician en 1877.
Era de las nuevas formas de codificación de la información humana
Las últimas décadas del siglo XIX son testigo del desarrollo del capitalismo industrial y de sus efectos en los archivos de empresas industriales y comerciales. Los grandes volúmenes de operación y la enorme cantidad de datos e información que generan la industria y el comercio llevan a un verdadero cambio cualitativo en el manejo de los archivos administrativos, puesto que las capacidades humanas individuales y colectivas resultaban insuficientes para procesarlos (11). Esas condiciones conducen a nuevas formas de registro, almacenamiento y procesamiento en el mundo archivístico.
Las necesidades económico administrativas del capitalismo industrial que se desarrolla desde fines del XIX conducen a la creación de los primeros medios mecánicos capaces no sólo de registrar los grandes volúmenes de operación y la enorme cantidad de datos e información propios de la producción industrial, sino de almacenarlos y procesarlos para utilizarlos después. De tal suerte, las necesidades económico administrativas vuelven a determinar cambios en las formas de trasmisión de información humana. Primero habían llevado a la aparición de los números y la escritura para registrar inventarios y transacciones comerciales. Ahora conducen, además, a la creación de medios mecánicos para registrarla, almacenarla y procesarla en los que nuevas formas de simbolizar la información sustituirían a los números y la escritura. El ejemplo más evidente de aplicación de medios mecánicos al análisis y transformación de la información para obtener una nueva –aunque en el siglo XIX pueden localizarse otros-, es que en 1875 ya Frank Baldwin había obtenido la patente de una máquina de calcular que efectuaba 4 operaciones aritméticas, o sea, procesaba la información que se le introducía, la transformaba, para ofrecer resultados de suma, resta, multiplicación y división (12).
Estos medios serían los antecedentes de otros que, ya en el siglo XX, asumirían el tratamiento automatizado de los datos y la información, y que permitirían hacer frente a necesidades de diversa índole (13).
Es por estas razones que se afirma que el tratamiento de la información tiene uno de sus fundamentos actuales en la teoría y práctica gerenciales de la sociedad industrial del siglo XIX (14), aunque sus vínculos históricos con la actividad administrativa son ancestrales y esos vínculos han incidido siempre en la actividad archivística en primera instancia. Es oportuno reiterar, por razones metodológicas, y tal como aparece en la introducción de este trabajo, cómo sólo al cabo de milenios se produce, en el tránsito del XIX al XX, la segunda vuelta en la espiral dialéctica del desarrollo de la información humana que va: de la expresión oral a los números y la escritura durante el tránsito de la comuna primitiva a la sociedad dividida en clases, y de los números y la escritura registrados manual o mecánicamente a su codificación en otros sistemas de señales para su tratamiento mecánico, primero, y electrónico casi inmediatamente después, en la época del capitalismo industrial. En ambos casos el condicionamiento de esos cambios es de carácter administrativo, aunque después, en virtud de su desarrollo, se aplican a otros sectores de la actividad social tanto en una época como en la otra.
Ya en el siglo XIX se postula como principio de organización de los archivos el de respeto a la procedencia de los documentos y se considera que el sistema de clasificación de un fondo debe responder a las peculiaridades de organización y actuación de las entidades que lo producen. Se plasman así los primeros elementos normativos de la archivología (15).
Notas
(1) Fernández Robaina, Tomás. La bibliografía personal en Cuba: pasado, presente y futuro. Informe de investigación presentado al Consejo Científico de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana 2004. Manuscrito
(2) García Valenzuela, Hortensia.Una aportación teórica a la evolución del concepto, término y definición de la biblioteconomía. Revista General de Información y Documentación (Madrid) 8(1):111-135;1998.
(3) Linares Columbié, Radamés. La ciencia de la información y sus matrices teóricas: contribución a su historia. 130 h – 2003. Mecanografiado. En la portada: Ciudad de La Habana, Tesis presentada para la opción al grado de Doctor en Ciencias de la Información. Universidad de La Habana
(4) Malclés, Noelle Louise. La bibliografía. – Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1960
(5) Morales Campos, Estela. Educación bibliotecológica en México 1915–1954. – México: UNAM, Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas, 1988
(6)ALA World Encyclopedia of Library and Information Sciences. -- 2da. ed. -- Chicago: American Library Association, 1986.
(7) Fuster Ruiz, Francisco Necesidad de clarificar los conceptos. Anales de documentación. 2: 103-120, 1999.
(8) Ibíd.
(9) ALA op. Cit
(10) Ibíd.
(11) Day, Mark Tyler Transformational discourse: ideologies of organizational change in the academic library and information science literature - Qualitative Research Library Trends, Spring, 1998
(12) Williams, Robert V.Chronology of Information Science and Technology, DRAFT version, Jan., 2001. www.libsci.sc.edu/bob/istindex.htm
(13) Day, Mark Tyler Op. cit.
(14) Linares Columbié, Radamés. Op. cit.
(15) Couture, Carol y Jean Ives Rousseau. Los archivos en el Siglo XX. México, D.F., Universidad de Montreal y Archivo General de la Nación, 1988.